A nuestro Padre Pedro MELLADO MACIÁ

Querido Papa:

Se acerca la Semana Santa y aún no sabemos cómo afrontarla sin ti, por lo que estos días significaban en tu vida y por tanto en las nuestras. Desde que éramos muy pequeñas cargabas con las dos allá donde estuviera Santa maría Magdalena, trasladándola de la Iglesia al almacén de la Rambla, limpiando  adornando el trono, en las procesiones (hacíamos mil viajes a buscarte debajo del trono para que nos dieses más caramelos), la subida al Calvario, el reparto de cirios, la creación de la banda de tambores y después también de clarines, y así todos y cada uno de los momentos que hemos vivido junto a ti que nos han dejado una huella imborrable. La huella del “magdaleno” de alma, de devoción. Con el trasfondo religioso de una profunda admiración hacia María Magdalena plasmada en según tus propias palabras, “la imagen más hermosa de nuestra Semana Santa”.

Recordabas con pasión cuándo llegó a Callosa la imagen de la santa que ahora es titular y la expusieron en casa de tu primo. Desde entonces contraste no solo la adoración por ella sino por todo lo que la rodeaba, hasta el punto de acompañar y portar a hombros en tu último viernes Santo a nuestra imagen antigua en el encuentro del Calvario, mermadas ya tus fuerzas sin saber aún por qué. La respuesta a tal esfuerzo estaba clara, era AMOR a “tu Magdalena”. El que has demostrado a lo largo de tu vida hacia todo lo que has hecho, te entregabas a lo que amabas en cuerpo y alma, sin esperar jamás nada a cambio. Eras el cofrade que siempre ha permanecido en la sombra y que seguramente pronto será olvidado. Per papá, nunca en nuestro corazón. Has sido para nosotras el ejemplo más hermoso de cómo vivir y sentir la Semana Santa.

Con la tristeza de dedicarte por primera vez unas palabras en esta revista, cuando ya no las puedes leer, nos despedimos de ti.

Gracias papá, hasta siempre.

TUS HIJAS