APUNTES DE UNA COSTALERA DE JESUS DEL PERDON

Como otras tantas mujeres que tenemos la ventura de ser costaleras en nuestra Cofradía de Santa María Magdalena y Jesús del Perdón debo manifestar que llegado el momento de los preparativos de la Semana Santa, llegado el instante de los primeros ensayos en los que nuevamente saludamos a ese centenar de mujeres que juntas caminamos en torno a Jesus del Perdón y que alrededor de su figura y desde lo más intimo de nuestro corazón le ofrecemos, con toda la alegría y amor posible, nuestra entrega y esfuerzo, sentimos algo muy especial, algo tan íntimo que es difícil de exteriorizar y que sin embargo es fácil de observar si nos detenemos al contemplar el brillo de nuestro ojos, el sonreír de nuestros labios y el sentimiento que se desprende de cada una de las costaleras.

Tengo la fortuna de ser una de las tantas mujeres que portamos a nuestro Jesús. Desde el primer instante, me lo pedía el amor que siento a nuestra Cofradía, aporté mis escasas fuerzas para que mi hombro soportara el peso del varal. Desde el primer momento comencé a sentir el gozo interior de ser costalera. Desde aquel lejano 1997 y en cada Semana Santa me invade algo especial que, sin determinar exactamente qué puede ser, mi corazón late de una forma inusual.

Pero tenía que llegar la Semana Santa de 2008 para reflexionar, para detener un instante el tiempo y poder saber realmente qué dictaban mis sentimientos.

Por temas profesionales no había acudido a ningún ensayo. Por las mismas circunstancias no podía sostener el varal junto a mis amigas y compañeras. No pude acompañarles y bien que lo sentía.

No podía imaginar la explosión de sentimientos que tanto mi corazón como mis ojos fueron protagonistas cuando ante mí se presentó la bella y emocionante estampa de Jesus del Perdón. Aquel Domingo de Ramos, en aquel Encuentro entre la Madre y el Hijo fue extraordinariamente dificíl de superar la íntima emoción que me embargó. Hasta ese momento no había sido lo suficientemente consciente del calado que suponer ser costalera en mi querida Cofradía. Tanto años disfrutando siéndolo no me habían dado la oportunidad de realmente sentir lo que en aquel instante supe, lo que mi alma de cofrade y costalera sintió sólo puede ser comprendido en toda su extensión si alguien ha atravesado las mismas circunstancias.

Ya siento la cercanía de la Semana Santa de 2009 y desde estas Navidades de 2008, fecha en la que escribo y exteriorizo mis sentimientos, pienso que,si Jesús me lo permite, no me volverá a ocurrir lo del pasado año y así poder, desde mi puesto en el varal, agradecerle profundamente el dejarme ser una de sus fieles y amadas costaleras.

UNA COSTALERA