Sin duda vuestra presencia y vuestro ánimo engrandeció aquel sábado, día trece de marzo, en el que celebramos nuestro Acto de Culto.

                Era indudable que nuestra vista no podía descubrir vuestra figura, para nuestros ojos era inalcanzable y sin embargo era claramente definible para los de nuestro corazón, todos sabíamos que os encontrabais entre nosotros. Vuestra presencia se entremezclaba entre tantos cofrades en los que sus corazones palpitaban junto a vosotros, y eran precisamente esos corazones los que nos hacía sentir tan cerca de mi pariente Pedro y de mi amigo Manolito.

                Necesitaba el poder expresar públicamente que junto al dolor de haber perdido a mis amigos Manolo y Pedro, al inmenso padecimiento que sentí y siento, al desánimo y abatimiento que de forma personal y muy directa sufrí por el doloroso y cruel desenlace, los dos al mismo tiempo, los dos con fuerza y empuje como en ellos era característico me animan todos los días y me hacen sentir, si ello es posible, más amor hacia esta Cofradía, su gran familia de cofrades de Santa María Magdalena y Jesús del Perdón.

                Nuestro Día de Culto acogió en 2010 el nombramiento de Manolo y Pedro como Cofrades de Honor a título póstumo, una vez más su Cofradía quería recordarles lo mucho que les quería, que el raudal de amistad que deseábamos públicamente demostrar debe anidar siempre en nuestro interior y en ese preciso instante, en ese exacto momento les agradecí profundamente los profundos e inmensos momentos de amistad que me han hecho entrega. No hacía falta que me dirigieran grandilocuentes y acentuados consejos, era suficiente que observara, tan sólo que observara, la profunda sencillez en sus reacciones, la limpia mirada de sus ojos y la inmensa humanidad que han prodigado durante su corta y siempre recordada vida entre nosotros.

                Cuando hice entrega a Fina y a Lolita del galardón y reconocimiento de Cofrades de Honor 2010, en ese brevísimo espacio de tiempo sentí la necesidad de proclamar que me siento profundamente atraído por su ejemplo de vida cofrade, que su constante recuerdo me anima todos los días a apasionarme más por todos los valores que encierra nuestra Cofradía y que aquel sábado creí ver en el rostro de Manola, Esther y Rosa, sus hijas allí presentes, la permanente sonrisa que sus rostros siempre dibujaban, a la vez que esa traviesa y sugerente mirada que infundía una sencilla, íntima y profunda camaradería. Fue un instante, cortísimo en tiempo y profundo en sentimiento, en el que me sentí, como jamás lo había experimentado, tan cercano a ellos

                Con un fuerte abrazo y en la certeza que desde el cielo, ofreciendo vuestro hombro a Jesús, acompañando con firmeza a vuestra permanentemente recordada María Magdalena, Santa a la que tanto amasteis en vuestra vida, pedís en todo momento por todos nosotros, quiero terminar este breve y a la vez querido y sentido recuerdo hacia vosotros, con una de las estrofas que nuestro común amigo Pascual Martínez escribió para que en aquel encuentro entre la Madre y su Hijo, al finalizar la procesión de Domingo de Ramos, todos los allí presentes rezáramos por vosotros:

"No sufras más Madre mía

sabes que éste es mi destino,

pide por Pedro y Manolo,

que junto al Padre se han ido”

En Callosa de Segura, octubre de 2010

José María Culiáñez Alenda
Presidente Cofradía Santa María Magdalena y Jesús del Perdón